4 de septiembre de 2026

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Natalia Gattinoni, meteoróloga del INTA Castelar: “Más que preocuparnos, tenemos que ocuparnos y estar informados”

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La especialista brindó una charla a Productores rurales de Alberti y analizó las perspectivas climáticas para los próximos meses. Advirtió que el fenómeno de El Niño aumenta las chances de precipitaciones importantes y remarcó la necesidad de monitorear el estado de los suelos y las napas.

El fenómeno de El Niño vuelve a ocupar el centro de la escena climática y genera especial atención en el sector agropecuario. En este contexto, la meteoróloga Natalia Gattinoni, del INTA Castelar, visitó Alberti para brindar una charla destinada a productores rurales, en la que abordó las características del actual escenario climático y sus posibles efectos sobre la región.

La especialista puso el foco en la necesidad de transformar la preocupación en planificación y aprovechar la información meteorológica disponible para anticiparse a los distintos escenarios que pueda presentar la campaña.

En diálogo con Canal 5, Gattinoni explicó las características del fenómeno y analizó qué puede esperarse particularmente en la provincia de Buenos Aires.

—¿Qué tanto tenemos que preocuparnos? Esa es la primera inquietud que todos tenemos.

—Ocuparnos, más que preocuparnos. El “qué tanto” es como en todas las cuestiones meteorológicas. Hemos pasado en la región por situaciones de anegamientos e inundaciones el año pasado, y eso queda en la sensibilidad y en el recuerdo. En este contexto de un Niño, donde el fenómeno favorece las precipitaciones, tenemos que estar atentos a las cuestiones meteorológicas y ver qué podemos hacer de antemano con toda la información que va a estar disponible y con los pronósticos. La incertidumbre climática siempre está presente, pero en este escenario, con más razón, tenemos que estar ocupados en el tema y, fundamentalmente, informados.

—En los últimos días se conoció que un organismo de Estados Unidos habla de un 69% de posibilidades de que este Niño sea más grave que el más intenso registrado en 1950. ¿Hay probabilidades de que esto ocurra en esta zona de la provincia de Buenos Aires?

—La pregunta es qué características tiene este Niño, y para entenderlo tenemos que ir a la base física. El fenómeno de El Niño involucra un calentamiento en el océano Pacífico. Ese calentamiento genera cambios en la atmósfera y modifica su comportamiento. Por eso es importante observar qué tan caliente se vuelve esa parte del Pacífico. En este caso, esas aguas se han calentado mucho más rápidamente que en otros episodios y actualmente presentan valores por los cuales se lo compara con eventos históricos. Se pronostica que pueda alcanzar un nivel de calentamiento que no hemos tenido en otros episodios. El antecedente que más se asemeja es el de 2015-2016, que, por ejemplo, dejó inundaciones en nuestra zona durante agosto de 2015. Ahora bien, cuando hablamos de un Niño “intenso”, hacemos referencia principalmente al calentamiento del Pacífico. Después tenemos que traducir eso a lo que puede ocurrir con las lluvias y, finalmente, al impacto que esas precipitaciones pueden generar en nuestra región. Es una cadena de situaciones: primero está el océano, después la señal que genera en las lluvias y finalmente el impacto sobre la región. Tenemos que seguir los pronósticos, observar las perspectivas climáticas y ver cómo va evolucionando la atmósfera. A diferencia de otros escenarios que nos ha tocado vivir, como la sequía de 2023, en este caso las chances de lluvias, anegamientos o eventualmente inundaciones están más presentes. Por eso se está siguiendo este fenómeno muy de cerca a nivel científico e internacional. Ese calentamiento del océano está alcanzando valores que no se habían registrado y nosotros, desde nuestra región, tenemos que observar cómo responde el régimen de lluvias.

—Cuando se muestran los mapas climáticos, la provincia de Buenos Aires aparece en algunos sectores con un nivel elevado de riesgo respecto de las precipitaciones. ¿Dónde se focalizaría ese riesgo y en qué momento del año?

—Nuestro país es muy extenso y el fenómeno tiene distintos niveles de incidencia. El área que actualmente presenta el mayor riesgo es el noroeste del país y lo que corresponde al Litoral. La provincia de Buenos Aires se encuentra prácticamente en ese límite. Esto no quiere decir que no haya riesgo: está presente, porque una parte importante de las lluvias de la Región Pampeana responde a este fenómeno. En particular, esa respuesta suele darse hacia finales de la primavera y principios del verano. Históricamente, las lluvias más destacadas vinculadas con este fenómeno se registraron durante octubre, noviembre y diciembre, o entre noviembre, diciembre y enero. Ese es el período en el que tenemos que prestar especial atención a la respuesta de las precipitaciones. Los pronósticos para este 2026 van indicando esta situación y, dentro de la provincia, principalmente en el centro-norte bonaerense, aumentan las chances de lluvias. Estamos hablando de una mayor probabilidad de recibir lluvias importantes. No podemos saber todavía cuál será el acumulado exacto, pero sí estamos ante un escenario en el que aumentan las posibilidades de precipitaciones. Por eso decimos que tenemos que estar ocupados en aprovechar esta información y utilizarla para tomar decisiones.

—Llevándolo al ámbito productivo, que es justamente donde está puesto el foco de la charla, ¿el hecho de tener acumulación de agua en el suelo y, sobre todo, en las napas, es también una cuestión que habrá que considerar a futuro?

—Exactamente. Es clave en cualquier campaña y particularmente en esta. A nivel productivo y de campo tenemos un pronóstico de precipitaciones, es decir, la oferta de agua va a estar presente a partir de las lluvias. Pero también es fundamental conocer cuánta agua tenemos disponible en el perfil del suelo y cuál es el estado de las napas. Las napas eran algo que quizás habíamos dejado un poco de lado porque veníamos de períodos muy deficitarios. El año pasado recibimos lluvias y algunas napas, en determinados sectores, comenzaron a subir. Pueden encontrarse a uno o dos metros de profundidad, aunque en otros lugares todavía falta que se recuperen. Tener ese registro va a ser fundamental porque nos permitirá saber cuánto necesitan nuestros suelos de esa agua y qué tan cerca están de su máxima capacidad de almacenamiento. El suelo tiene una determinada capacidad de retención de agua y, si a eso le sumamos nuevas precipitaciones, tenemos que saber en qué situación nos encontramos. Por eso va a ser fundamental monitorear esa información. Además, hay algo que también tenemos que destacar: durante la próxima campaña vamos a atravesar períodos en los que no necesariamente vamos a tener lluvias. En esos momentos, un cultivo de maíz o cualquier otro cultivo de verano va a estar utilizando el agua que tenga disponible en el perfil del suelo. Por eso, conocer el estado de los suelos y las napas será una herramienta fundamental para planificar la campaña y tomar mejores decisiones productivas.