DESPUÉS DE 10 AÑOS, CIERRA UN ESPACIO SOLIDARIO QUE ASISTÍA A 15 FAMILIAS DE ALBERTI
Después de una década de trabajo solidario, el grupo En Busca de Sueños decidió cerrar el espacio que durante estos años funcionó no sólo como un lugar de venta de ropa, sino fundamentalmente como una herramienta para ayudar a familias de la comunidad.
La decisión está vinculada, en primer lugar, con la venta del local que ocupaban y con la imposibilidad de afrontar el costo de un nuevo alquiler. Pero también responde a una realidad que se fue profundizando con el paso del tiempo: el grupo se fue reduciendo y hoy son pocas las integrantes que pueden sostener la actividad, debido a cuestiones familiares, personales y de salud.
“Nos cuesta mucho dejar 10 años, pero indudablemente ya no podemos sostener el local porque este local se vendió. Y no estamos para afrontar otro porque el alquiler es mucho”, explicó Ana Romano durante una entrevista.
El espacio funcionaba sin fines de lucro. Con los recursos que obtenían de la venta de ropa, las mujeres asistían regularmente a unas 15 familias de Alberti con mercadería, medicamentos y garrafas.
La situación se volvió especialmente difícil en los últimos meses, cuando debieron cubrir gastos con dinero propio para poder mantener la ayuda.
“Esto no es con fines de lucro. Asistimos a familias con mercaderías, medicamentos y garrafas, y ya no lo podemos hacer”, contó Liliana Quiroga, visiblemente emocionada.
Qué pasará con la ropa
El cierre no significa que todo el material reunido durante estos años vaya a quedar sin destino. Parte de la ropa será entregada a mujeres interesadas en iniciar sus propios emprendimientos, a quienes se les ofrecerá a precios bajos.
Además, el grupo comenzó a comunicarse con distintas organizaciones para donar la ropa restante y que pueda continuar cumpliendo una función social.
“Hay chicas que están interesadas en seguir vendiendo ropa, entonces nosotros se la dejamos a bajo precio para que ellas después puedan emprender su propio negocio”, explicó Romano.
También mencionó contactos con organizaciones como Fundación Sí y Amigos en la Calle, además de otras entidades, para evaluar la donación de la ropa disponible.
El grupo también continuará entregando prendas a personas que las necesiten, tal como lo hizo durante estos diez años.
La parte más difícil: dejar de ayudar
Más allá del cierre del local, una de las principales preocupaciones de las integrantes son las familias que recibían asistencia regularmente.
Quiroga contó que durante la última entrega comenzó a comunicarles que ya no podrían continuar con la ayuda. La respuesta de algunas de esas familias dejó en evidencia la dependencia que se había generado alrededor de ese aporte.
“‘¿Y cómo, y qué hacemos? Porque nosotros contábamos con eso’, me dijeron”, relató.
La situación le genera una profunda preocupación. “Me llaman por teléfono y te da pena cuando hay días que te llaman y te dicen: ‘No tengo para comer’. ¿Qué hacés?”, expresó.
En ese sentido, señaló que la situación económica afecta especialmente a personas mayores que deben afrontar con ingresos limitados el costo de los alimentos, los medicamentos y los gastos cotidianos.
Diez años de una experiencia que deja huella
A pesar de la tristeza que genera el cierre, las integrantes hacen un balance positivo de la experiencia. El grupo comenzó hace diez años con entusiasmo y, aunque con el tiempo algunas mujeres fueron dejando de participar, lograron sostener durante una década una tarea que tuvo un impacto concreto en distintas familias de la comunidad.
“Muy, muy positivo y muy gratificante para nosotros”, definió Ana al recordar estos años.
También destacó el vínculo que construyeron entre ellas y el acompañamiento recibido por la comunidad de Alberti, especialmente cada vez que organizaron acciones para reunir recursos.
“Agradecerle a toda la comunidad de Alberti, porque cuando nosotros decíamos ‘ah’, la gente estaba”, expresó.
Ahora, el grupo atraviesa una etapa de cierre y Quiroga pidió especialmente a los vecinos que no acerquen más ropa, ya que ya no cuentan con espacio para almacenarla y se encuentran organizando el destino de todo lo reunido.
Son diez años que llegan a su fin. Queda la ropa, que buscará nuevos destinos; quedan las familias que necesitarán encontrar nuevas formas de asistencia; y queda, sobre todo, la historia de un grupo de mujeres que durante una década decidió transformar lo que recibía en una ayuda concreta para otros.


